Una estrella de papel gira sobre las cabezas. Alguien tira de la cuerda, el palo pasa de largo y las voces intentan orientar a quien lleva los ojos vendados. Todos esperan el momento en que se abra y empiecen a caer los dulces.
La escena resulta familiar, pero ¿por qué esa piñata tiene siete picos?
En la interpretación católica tradicional, los siete picos representan los siete pecados capitales. Romper la piñata simboliza vencer el mal y recibir una recompensa. Esa explicación sigue acompañando a muchas piñatas de las posadas, aunque el juego también reúne a personas que participan simplemente por el gusto de celebrar.
Su historia enlaza creencias, fiestas y un oficio que comienza mucho antes de colgarla. Detrás de sus colores hay personas que saben dar cuerpo al papel, unir sus piezas y transformar materiales sencillos en el centro de una celebración.
¿Qué significan los siete picos de la piñata?
Los siete picos de la estrella se asocian con la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza.
Dentro de esta lectura religiosa, los colores vistosos representan las tentaciones; la venda se relaciona con la fe, y el palo, con la fuerza o la virtud necesarias para vencer el mal. Los dulces y las frutas que caen al romperla se interpretan como la recompensa obtenida después de superar esas tentaciones.
Las explicaciones cambian en algunos detalles según la fuente o la manera en que se transmite la costumbre. Se trata de un simbolismo religioso que ha acompañado a la tradición, sin que todas las personas deban conocerlo o compartirlo para participar.
La estrella de siete picos conserva esa asociación, especialmente en las posadas. Las demás formas de piñata no necesariamente tienen el mismo significado.
¿De dónde vienen las piñatas mexicanas?
La historia de sus orígenes suele contarse como un viaje que comienza en China, pasa por Europa y llega a México. Algunas versiones atribuyen a Marco Polo la transmisión de la costumbre.
Ese recorrido, sin embargo, no puede presentarse como una secuencia histórica plenamente demostrada. Existen investigaciones que exploran la posible relación entre las piñatas y antiguas prácticas chinas, pero señalan que hacen falta más evidencias para establecer cómo ocurrió esa transmisión.
Para comprender la tradición mexicana, un lugar fundamental es Acolman, en el actual Estado de México.
Las fuentes culturales vinculan este poblado y su convento agustino con las celebraciones de finales del siglo XVI que antecedieron a las posadas. En ese contexto de evangelización, la piñata adquirió una explicación religiosa que permitía representar, mediante un juego, la lucha contra el pecado.
Acolman es reconocido como un referente histórico y artesanal de las piñatas. Su importancia permite entender cómo arraigaron en México, sin necesidad de afirmar que allí se inventaron todas las formas de este objeto festivo.
La piñata y su lugar en las posadas
Las posadas tradicionales se celebran del 16 al 24 de diciembre y recuerdan la búsqueda de alojamiento de María y José antes del nacimiento de Jesús.
En muchas de ellas, después de los cantos y de pedir posada, llega el momento de la piñata. La reunión cambia de ritmo: se despeja un espacio, alguien sostiene la cuerda y los participantes esperan su turno.
La estrella de siete picos encuentra aquí su contexto religioso más conocido. A la vez, romperla es una experiencia compartida: hay quienes cantan, quienes aconsejan desde abajo y quienes se apresuran a recoger lo que cae.

Una posada mexicana, fotografiada en diciembre de 2023. Foto: Paricutina / Wikimedia Commons, CC0.
El relleno también forma parte de la tradición. Además de dulces, puede incluir cacahuates, trozos de caña y frutas de temporada como mandarinas, tejocotes o guayabas. Su composición varía según el lugar y las costumbres de cada familia.
El momento de romperla concentra la atención de todos. Pero para que esa estrella llegue a la fiesta, alguien tuvo que construir su cuerpo, unir cada pico y cubrirlo de papel. Antes de las voces que animan el juego están las manos de quienes la hicieron.
Antes de la fiesta: el trabajo de quienes hacen piñatas
Quien elabora una piñata toma decisiones que suelen pasar inadvertidas cuando la vemos colgada: cómo sostener el cuerpo, dónde colocar las uniones y de qué manera distribuir los adornos.
La pieza debe conservar su forma, llevar un relleno y moverse al tirar de la cuerda. Resolverlo exige conocer los materiales y anticipar cómo se comportarán.
Ese conocimiento se manifiesta en tareas concretas: reconocer cuándo una capa está suficientemente seca, ajustar un cono o calcular cuánto papel necesita una superficie. La práctica permite advertir detalles que una persona sin experiencia quizá descubriría solo cuando la pieza empieza a deformarse.
Barro, cartón, papel y engrudo
Entre los materiales tradicionales se encuentran las ollas de barro, el cartón, el papel periódico, el engrudo y el papel de china.
Algunas piñatas se construyen alrededor de una olla; otras tienen un cuerpo de papel y cartón trabajado sobre un molde. El engrudo permite adherir las capas y unir elementos, mientras el secado ayuda a que la estructura adquiera consistencia.
Los procedimientos dependen del taller y de la pieza. Para quien domina el oficio, elegir una base o reforzar una unión forma parte del mismo trabajo que decidir sus colores: la estructura y la apariencia se resuelven juntas.
El papel que da movimiento
El acabado requiere mucho más que cubrir la superficie.
El papel se corta en tiras, flecos y otras piezas que después se acomodan para dar textura y volumen. En la estrella, los conos deben integrarse al cuerpo y guardar proporción con él. Las combinaciones de color hacen que cada parte se distinga, mientras las tiras largas acompañan su movimiento.

Detalle ilustrado de la colocación del papel durante la decoración de una piñata. Imagen generada con inteligencia artificial.
Cortar, enchinar y pegar son labores que requieren atención y destreza. Cada tramo de papel pasa por las manos de alguien que decide cómo colocarlo para conseguir el acabado buscado.
Cuando la piñata gira sobre la fiesta, sus flecos se mueven y dejan ver el resultado de ese trabajo paciente.
Un oficio que se conserva al practicarlo y compartirlo
La elaboración de muchas piñatas pertenece al mundo de la cartonería mexicana, donde el papel y el cartón sirven para crear figuras de uso festivo, ceremonial o decorativo.
En su ficha sobre piñatas, el Sistema de Información Cultural registra que, en el barrio de La Merced de la Ciudad de México, la familia Linares realizaba piezas para la época navideña como parte de un calendario anual de producción ligado a distintas celebraciones.
La referencia permite acercarse a una dimensión humana del oficio: las fiestas también organizan el trabajo de quienes preparan los objetos que las acompañan.
Conservar estos saberes requiere personas que sigan poniéndolos en práctica y compartiéndolos. Al mostrar cómo se sostiene una forma, corregir una unión o enseñar a trabajar el papel, se transmite una manera de resolver problemas con las manos.
Cada nueva pieza ofrece la posibilidad de repetir lo aprendido y también de probar algo distinto. Así, el oficio continúa gracias a quienes lo ejercen, enseñan y adaptan.
De la estrella a las formas de cada celebración
Con el tiempo, la piñata se incorporó a cumpleaños y otras fiestas. La estrella convive hoy con animales, flores, personajes y figuras creadas para una ocasión.
Esa variedad muestra la capacidad de los artesanos para responder a nuevos gustos. Cambiar un diseño puede exigir otras proporciones, una estructura diferente o una solución propia para el acabado.
También cambia la relación de las personas con el objeto. Para algunas familias mantiene una lectura religiosa; para otras, forma parte de los recuerdos de infancia o de la convivencia entre vecinos.
Esos sentidos pueden encontrarse en una misma celebración. Las personas que elaboran las piñatas y quienes las incorporan a sus fiestas participan, desde lugares distintos, en la continuidad de la tradición.
Preguntas frecuentes sobre las piñatas mexicanas
¿Todas las piñatas deben tener siete picos?
No. Los siete picos corresponden a una forma tradicional vinculada con la interpretación católica de los siete pecados capitales. Existen piñatas con otras cantidades de puntas y con muchas figuras diferentes.
¿Las piñatas son exclusivamente navideñas?
No. Tienen una relación importante con las posadas, pero también se utilizan en cumpleaños y otras fiestas durante el año.
¿Las piñatas tradicionales siempre son de barro?
No. Aunque la olla de barro forma parte de su elaboración tradicional, también hay piñatas de papel y cartón.
¿Qué relación tiene Acolman con las piñatas?
Acolman, en el Estado de México, es un referente histórico de las posadas y de la tradición piñatera. Su vínculo con la evangelización y su actividad artesanal explican que se le reconozca como una de las cunas de esta tradición en México.
Mirar la piñata antes de romperla
Antes del primer golpe, vale la pena detenerse en sus detalles: los flecos cortados, las uniones que sostienen los picos y el papel que cubre cada curva. Alguien les dedicó tiempo, atención y conocimiento para que hoy formen parte de la fiesta.
Después vendrán los cantos, los intentos y la lluvia de dulces. La piñata habrá cumplido su propósito al reunir a todos bajo sus colores.
Puede durar apenas unos minutos en la celebración. El saber de quien la hizo sigue en sus manos y en las de quien aprende a su lado. Allí comienza la próxima piñata.
Para seguir descubriendo
El Museo de Arte Popular ofrece otra manera de acercarse a la creatividad y los saberes del arte popular mexicano.
Lectura complementaria de Oh México!
Para seguir explorando la celebración que acompaña a estas estrellas de papel, conoce Las Posadas, una publicación ilustrada de Oh México! dedicada a esta tradición mexicana.
Conoce la edición en español de Las Posadas.
